domingo, agosto 14, 2005

Tócala de nuevo, Sam

Por Sam Shepard


En Rapid City, South Dakota, mi madre me daba cubitos de hielo envueltos en servilletas para que los chupase. Me estaban saliendo los dientes y el hielo me insensibilizaba las encías.

Aquella noche atravesamos los Badlands. Yo viajaba en la bandeja que hay detrás del asiento trasero del Plymouth, mirando las estrellas. El cristal estaba helado al tacto.

Nos detuvimos en la pradera, en un lugar donde había un círculo enorme de dinosaurios de yeso blanco. Nada más que los dinosaurios iluminados desde el suelo por unos focos.

Mi madre me llevó a dar una vuelta abrigado bajo una manta parda del ejército. Tarareaba una canción lenta. La tarareaba bajito, para sí misma. Como si sus pensamientos estuvieran muy lejos de allí.

Serpenteamos lentamente entre los dinosaurios. Por entre sus patas. Bajo sus tripas. Describimos círculos en torno al Brontosauro. Miramos desde abajo los dientes del Tyranosaurus Rex. Todos tenían unas lucecitas azules a modo de ojos.

No había nadie. Sólo nosotros y los dinosaurios.


9/01/1980
Homestead Valley, California
Relato sin título
Extraído de Crónicas de Motel, Ed. Anagrama

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Hola, me alegra reencontrarte!!

14 agosto, 2005 14:32  
Blogger Unknown said...

Obelix, Sam Shepard es una massa... hace de todo el tipo. Ojalá podamos ser Sam Shepards de probeta.

Alegría haberte cruzado en la calle y al otro día, cruzarte en un blog.

Abrazo. A ver si venís un jueves.

23 marzo, 2006 13:53  

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