martes, diciembre 20, 2005

Damián Ríos

Papá me enseñó a contar y a leer antes incluso de que entrara en el jardín de infantes. Me mandaba a la calle para que juntara piedritas parecidas y después se tiraba en el suelo conmigo en el medio del patio. Mamá a veces le traía el mate. Una vez que aprendí a sumar y restar, se puso en el trabajo de enseñarme a multiplicar. Me acuerdo que reunía piedritas en grupos de dos y tres y empezaba transpirar porque yo no entendía. Me acuerdo de sus bigotes bien negros y del pelo crespo y que decía Damián atendeme. La escena se desarrollaba en el sendero de portland que unía la casa de la Abuela con nuestra casa. Había varios grupos de piedras de dos y tres, hasta ahí estaba todo claro. Acá hay dos, acá hay tres. Bien. De esto pasaron 25 años y no logro entender cómo quería explicarme, no logro captar cual era su método. Porque él tenía un método. Fracasó, es cierto, pero sabía perfectamente lo que quería y cómo. Ahí está en definitiva su victoria, vamos a llamarla así. Es el recuerdo más lejano que tengo de alguien que quisiera ayudarme a pensar. Es el día de hoy, que al darme cuenta de que estoy metido en bardos de los que creo no puedo salir, digo: acá hay dos, acá hay tres. Bien.



Extracto de Habrá que poner la luz, Eloísa Cartonera.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Pasó hace un rato. Un auto se subió a la vereda, en Lavalle y Libertad, atropelló a un tipo que rebotó en parabrisas y cayó de espaldas en la vereda. Se murió. El pibe que manejaba se bajó del auto con un celular en la mano e intenciones de llamar a la ambulancia. Al pedo. Es muy rara la frase "de muerte natural": no tiene mucho sentido. El pibe que manejaba estaba de jean y remerita azul. Tenía barbita de tres semanas, muy prolija, y cara de asustado. El celular era de los caros, tenía una pantalla grande. Ahora se le cagó el fin de año: mató a un pelado de unos sesenta años. La familia del pelado y la del pibe deben estar llorando. Además, al auto del padre del pibito lo van a retener: va a quedar un par de meses estacionado frente a la comisaría primera, en Lavalle y San Martín, todo encintado y con un cartelito de "homicidio" mientras se sustancie el sumario. No podría atestiguar nada, salvo que el pelado murió después del golpe seco en las baldosas. Bastó mirarlo para que me diera cuenta. Quedó todo flojito, las baldosas, el pelado, el pibe.

29 diciembre, 2005 17:41  
Blogger Obelix said...

Anónimo,

Gracias por la crónica. A la tarde trabajo a un par de cuadras de ahí. Si todavía no leíste este libro de Ríos, te lo recomiendo.

Atte.

30 diciembre, 2005 01:48  

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