viernes, marzo 04, 2011

Uno de los vecinos se quejó


Porque guardo la bicicleta en el pasillo del ascensor de atrás. Antes la dejaba afuera y me robaron dos gomas, tres asientos y al final una bicicleta entera. Entonces de noche empecé a guardarla en el pasillo del ascensor de atrás.

Ramón el portero me dice no te hagas problema. Y a veces como agradecimiento le traigo del supermercado una cerveza fría. Ramón dice muchas gracias, está lindo para tomar una cervecita.

El departamento tiene ventajas. Salvo en el baño, no se escucha a los vecinos. El baño tiene una ventana que da a un hueco negro y misterioso. Por ahí entra ruido a televisión, a viejas parloteando, a inodoro después de tirar la cadena. En el hueco se concentran todos los ruidos del edificio.

En el marco de una de las ventanas descansa la colección de cactus. Los cactus empezaron a florecer. A algunos además les salieron pelotas. Tal vez sean brotes. Acostumbrado a la independencia casi absoluta de los cactus, nunca regué la planta que me regalaron y se secó. Los cactus no se secan, siguen mutando, les salen flores, les crecen pelotas, sobreviven al ataque de pájaros malditos.

Al lado de una maceta reposa un huevo. El huevo puede llegar a transformarse en proyectil cuando uno de los conductores de abajo empiece a tocar bocina en forma insistente. Las bocinas no conocen el peligro. Un huevo que cae desde cierta altura en el techo de un automóvil produce en su interior un sonido aterrador. Más aterrador todavía que el de las bocinas. Contraofensiva.

Hormigas. En el departamento casi no hay bichos. Ni cucarachas, ni escarabajos, ni nada. El otro día aparecieron en la jabonera del baño dos hormigas. Eran pequeñas. Pero dejé que siguieran con lo suyo. Cada tanto desaparecen, cada tanto vuelven a aparecer. Siempre son dos, las mismas dos, pienso. Las guachas se aquerenciaron.

En el pasillo de entrada hay un cuartito donde se deja la basura. Cuando me mudé, Ramón me dio una llave. A los pocos días Ramón dijo que a esa puerta había que cerrarla con llave. Son cosas de viejo, me dijo, si no la cerrás con llave se quejan.

Dejaron una nota en el ascensor. Pretendían cortar el agua por tres días. Limpieza del tanque. Los vecinos organizaron una contraofensiva y consiguieron que no cortaran el agua. Ni tres, ni dos, ni medio día. Yo no firmé la solicitud.

Ramón tiene pasión por la lustradora. La pasa por todo el edificio y los pisos brillan. Qué bien mantenido que está todo, dijo mi padre la vez que vino de visita. Una lustradora antigua. Las cosas de antes nada que ver con las de ahora, me dijo Ramón una mañana antes de irme al trabajo.

Seis hombres fornidos y el escritorio de mi abuelo. No termino de comprender cómo lo lograron. Lo subieron por la escalera, no pasaba por ninguna de las puertas, y encima pesa una ton. (tonelada). Me pidieron destornillador, pinza, etc., y lo iban desarmando en capas. Costó, pero de todas formas, muy profesionales ellos, no se fueron hasta concluir la tarea. Como último recurso, yo tenía preparado un WD40, un producto que nunca uso.

2 Comments:

Blogger inés said...

faltó hablar de la fantasmita

06 marzo, 2011 18:55  
Blogger Unknown said...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

07 marzo, 2011 18:47  

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